Jueves – 22.15 hs
Y me siento desplazada de la cocina, como si algo me tirara. Como si necesitara de manera urgente ver en la pantalla algo que hable de vos. Algo que te traiga a mi casa ahora, un ratito, mientras cocino, charlamos un rato. Capaz vos también estás cocinando, o esperando el delivery, andá a saber, y no te podés quedar, no pasa nada. Pero quiero aunque sea tenerte un rato conmigo mientras cocino. Quiero reconfirmar que me divierte estar con vos. Que me gusta ver el detalle de tus ojos sonriendo apretando esa piel que ya imaginé suave y tibia. Quiero averiguar si podemos compartir un silencio. Uno sonriendo y uno cansado.
Pero o cocino o te invoco y pienso en todo lo que haría mientras cocino con vos acá. Y acá estoy, sentada, en el living, mientras el agua para los repollitos de brusela hierve y hierve. Está empañando las ventanas de la cocina. Yo me río. Pienso que esto puede ser un cuento, y me imagino escribiendo cuentos de amor, de deseo, de ganas y de vergüencita, de sonrisa al caminar y acordarse del último mensaje. Qué vergüenza. Además de la olla en el fuego escucho un podcast sobre la literatura y la enfermedad y el cuerpo entregado a la muerte y bajar los brazos con el cuerpo, pero la cabeza no se apaga.
Ahora no sé si escribo de vos o ya estoy escribiendo de mi escribiendo de vos para invocarte en el relato, y por lo menos la yo del relato sí te encuentre, sí comparta ese vasito de soda fresca mientras lava la acelga, para frizar todo cuanto antes, que si no la verdura se pudre y cómo le hincha las pelotas tirar comida.
Me levanté, preparé los repollitos, unos al freezer y otros al horno con un redondito de pollo. El vaso de soda me lo tomé sola, vos no estabas presente en ese momento, estaba concentrada con la cocina. Pero cuando metí las cosas al horno y puse la alarma volviste. Y ahora estás acá. A veces en la cocina, a veces en el teléfono, capaz en el kiosco, fuiste a comprar algo dulce para después de comer. O, como ahora, a veces no estás.
Es la primera vez en mucho tiempo que no me doy cuenta qué hay del otro lado. Si parto de la premisa que todo no lo que no es sí, es no, entonces no hay nada. Pero no creo que estemos en esa instancia. No estoy segura que estemos en ninguna instancia tampoco. Y es raro tener vínculo con una idea. Con apenas una imagen que me armé de vos en base a algunos pocos y tiernos indicios. Algunos prejuicios, algunos deseos. Una que otra referencia. Con un poquito de cada cosa ya te has sentado en la intimidad de mi casa. Aunque yo todavía sin saber, sospechando que en realidad no hay nada que saber. Pero si no hay nada, tampoco hay relato, no tengo por qué sentarme en el living a escribir, empujada por algo. Así que por ahora me quedo con la duda y me aferro a una posibilidad, aunque no más sea para contarla y divertirme imaginándola. Capaz tengo suerte y te sueño de vuelta.
Suena la alarma. Tengo que dar vuelta lo del horno.
